Deja que te cuente: diciembre 2012

martes, 18 de diciembre de 2012

Tay




Ella es Tay y os voy a contar su historia.

El pasado viernes 12 de octubre, festivo y con un largo fin de semana por delante, nos dirigíamos a Cádiz desde Sevilla por la autopista para pasar esos días con la familia. Casi a mitad de camino, allí, a un lado en el arcén estaba ella. Se habían detenido dos coches ya pero aun así, sin pensar, paramos al verla. Tumbada de medio lado, con la cabeza erguida y desorientada permanecía inmóvil, esperando solo ella sabe qué.
Nerviosas nos bajamos y tras ponernos el chaleco reflectante anduvimos en su dirección. El chico del primer vehículo ya la traía en brazos. Ella, asustada, ensangrentada y sin oponer la menor resistencia. Este chico, visiblemente nervioso, la dejó en la parte delantera de su auto caravana. Nos comentó que comenzaba sus vacaciones e iba de camino a recoger a su novia. Su perro, de gran tamaño, trataba nervioso de olfatear a la pequeña mal herida. Tras unos instantes de nervios y de discutir donde llevarla para curar. Acordamos que lo mejor sería, que nosotras, la trasladaríamos al veterinario donde pensamos la atenderían. Así, el chico del segundo coche la tomó en sus brazos y la acomodó en el asiento trasero del nuestro. Nos dejó una botella de agua para aliviar la segura deshidratación que ya sufría. Me senté detrás, junto a ella, dándole caricias y diciéndole palabras cariñosas que la pudieran tranquilizar. El camino se hizo eterno. Antes de llegar, llamé a la clínica para asegurar la atención. Era festivo y aunque de guardia, deben trasladarse hasta allí al saber de alguna urgencia. 



Al fin, llegamos. En seguida, los primeros auxilios y un primer diagnóstico a la espera de las pruebas que no podrían realizarse hasta el próximo lunes, primer día laborable. Hasta entonces permaneció allí ingresada, esperando con una pata y varios dientes rotos, la lengua mordida por el golpe y su cuerpo cubierto de heridas provocadas por la abrasión del asfalto. Curarla no iba a ser tan fácil. Nos dieron presupuesto e indicaciones de las posibles complicaciones. Aun no sabíamos si podía tener heridas internas. Busqué ayuda y la ayuda llegó. Quedaba pensar que sería de ella una vez repuesta de sus heridas. Y, por supuesto, hoy la tenemos en casa.



Algo más de dos meses después, completamente curada, parece que no tardará en volver a caminar sin cojear. Porque aunque sigue evitando apoyar la pata, pienso que es más por el dolor que le quedó en su cabeza, que por dolor físico. Aun le asustan los ruidos fuertes y mucho la oscuridad. El rugido de las motos la paraliza. Se niega a pasar por encima de los husillos para desagüe en la calle. Y detesta salir si llueve. Como todos los perros, sabe poner esa carita para conseguir lo que quiere mientras mueve nerviosa su cola. Y aunque llevamos poco de conocernos, sabemos que nos tendremos siempre. Ha sufrido mucho, ha pasado mucho miedo y dolor. Me atrevería a decir que incluso desde antes de su accidente. Por eso, hoy nos alegramos de tenerla en casa. Y por eso, buscamos familias para sus siete cachorros. 


Sí. El pasado 6 de diciembre nacieron nueve pequeños. Siete de ellos están creciendo sanos y fuertes. La rescatamos ya embarazada. ¡Sorpresa!. Claro que no lo supimos, hasta que su barriga comenzó a crecer durante los dos meses de curas, pinchazos, escayola, operación para retirar el clavo y muchos cuidados... Al fin, una ecografía nos confirmó lo que venía.

Por eso es que, después de tanto sufrir y padecer. Después de que estos pequeños, hayan sobrevivido a todo lo pasado. Deseamos que cada uno de ellos encuentre una familia que les dé el cuidado y la atención que necesitan. Dos de ellos, han encontrado a sus familias que esperan impacientes el momento de tenerlos en casa. Los otros cinco, merecen la misma suerte. 



©Patricia Duboy