Deja que te cuente: A tu lado pero sin mi

sábado, 29 de noviembre de 2014

A tu lado pero sin mi



Corazones en blanco y negro



No durmió aquella noche, había estado llorando en silencio como tantas veces desde hacía unos años atrás. Se sentía atrapada en una vida que no le pertenecía, que no deseaba. Cansada de fingir, a los ojos de quien mira desde afuera, que todo está bien. Aún no había amanecido cuando se levantó sigilosa de la cama que comparte con el hombre que había convertido el cuento de hadas en una novela de terror. Evitó hacer ruido para no despertar a la bestia que el alcohol le devolvía cada noche y que yace con un sueño tan profundo que pareciera que no despertaría jamás. Pasó unos minutos junto a la cama, mirando el profundo sueño con una extraña mezcla de lástima y odio, sin entender cómo podía dormir después de todo, pensando en lo mucho que deseaba que realmente no despertara jamás, sintiendo como le arrebata la vida con sus propias manos, convenciéndose de que era lo mejor que podría hacer. No, no podría. Apartó de su pensamiento la terrible idea y se dirigió en silencio al baño.


Se detuvo frente a su reflejo en el espejo que le mostraba aquella realidad en la que se había convertido su vida, escudriñó las marcas que el desprecio de él había dejado en su cara, sus brazos, su cuerpo… hizo un gesto de desdén y quedó mirando los ojos del otro lado del espejo, queriendo encontrar a la persona que se escondía tras esa mirada triste y vacía que le suplicaba a gritos que la rescatara de allí.

Afuera caía una fina lluvia desde un cielo gris que animaba a su melancolía. Quiso ser fuerte de nuevo, salió a la calle y esta vez no daría ni un paso atrás. Estaba preparada para escapar, huir de una vez del dolor que le producían las marcas en su piel y las llagas de su corazón. Se detuvo en el umbral y dejó que la lluvia mojara su cara. Sintió rejuvenecer, recuperar por momentos su vida, sus sueños. Cerró los ojos, tomó aire profundamente, un aire fresco y húmedo que la llenó de vida, echó hacia atrás los hombros, se irguió y decidida bajó el escalón que la separaba de su felicidad.

Y de pronto a su espalda, esa voz que le dominaba “¿Qué haces a estas horas aquí fuera?”. Un repentino escalofrío recorrió su espalda, temblando giró sobre sus pies. “¿A qué esperas?” le espetó, aun con la voz embriagada. “Vuelve a la cama ¡vamos! ¿Quieres que te vean todos?”. Apenas con un hilo de voz pudo responder “Me desvelé… no te quise despertar… voy enseguida”

Y sintió de nuevo que los años le pesaban y sintió demasiado fría la lluvia de aquella mañana, sintió demasiada melancolía en el gris del cielo y demasiado miedo anidado en su pecho.

Y cerró tras de sí la puerta volviendo a la casa. Esa casa donde duermen sus miedos y viven amordazados sus sueños y deseos.


©Patricia Duboy

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