Deja que te cuente: diciembre 2014

domingo, 28 de diciembre de 2014

Inesperada sorpresa



Entre mis escritos andaba cuando, 
de pronto recibo una notificación, 
me mencionan en un post. 
Erika Martín a mi blog nominó. 








No lo puedo creer, ¡que inesperada sorpresa! ¡cuanta ilusión!. 
Hasta tres veces leí, en busca de algún error. 
Es una suerte que esté por escrito, 
pues de fiarme de lo que escucho, 
hasta cien veces necesitarían repetirlo. 
No todos saben que me falla el oído.
Para recibir los premios, solicita unos requisitos.
Dos de los pedidos, ya los he cumplido. 
Nada complicado, para los premios otorgados. 
Recibir tal galardón, es sin duda un gran honor. 
Diez compañeros de mi parte deben ser nominados. 
Y sin mas rodeos, aquí dejo el listado:

1. Alejandra Sanders por sus cuentos de terror 
2. Jordi Luna por sus poemas desde su ventana 
3. Danna Merchán por sus versos marchitos 
4. Carmen Arnaiz Verdera por sus micropensos
5. Larrú por sus fantasmas
6. Mikel Beltran por sus 86400 razones 
7. Amador Redondo por contar cosas 
8. Ricardo Mazzoccone por las historias de Richard
9. Juan Carlos por su universo mágico
10. Amelia R por la vida, el amor y vos

A cambio, solicito a mis nominados, 
que mencionen a quién les premió. 
Nos cuenten, que sienten al escribir
y cuando comenzaron. 
Y, por supuesto, nos revelen a sus galardonados.

No puedo acabar este escrito, 
sin agradecer a todos los que me leeis.
A vosotros lo dedico, en especial a quien me lo ha concedido.
Este premio no lo tendría sin vuestra compañía.

Y como queda muy poco para empezar un nuevo año. 
Os deseo lo mejor de todo cuanto habéis soñado. 
¡¡Felices escritos y lecturas para todo el 2015!!
Gracias y besos para todos. 




jueves, 25 de diciembre de 2014

Otro final II





Estaba la princesa en los jardines del castillo junto al temible dragón que impedía la entrada y salida de todo el que osara intentarlo. A lo lejos, a lomos de un corcel blanco de largas crines, blandiendo su espada al aire se acercaba al galope, el príncipe Azul.

—¡No temáis Princesa! Os libraré de ese maldito dragón —gritó Azul acercándose a toda velocidad.
—¡Deteneos! No es lo que parece —gritó Princesa mientras se situaba delante del dragón para protégelo. Y este, a su vez, se agachó como un perro asustado tras la princesa.
—¿Qué significa todo esto? Os devorará si no os apartáis de ese monstruo.

El dragón dejo escapar un gruñido al escuchar que el príncipe le llamaba monstruo. Entonces Princesa se volvió hacia él para calmarlo.

—Si es mi cachorrito bonito, ¿a que sí?. ¿Dónde está mi cachorrito guapo? —en ese instante, el dragón se puso panza arriba esperando las caricias de la princesa, sin dejar de mover su cola en señal de alegría.

Luego, volviéndose al príncipe le dijo con tono enfadado. “No volváis a hablar así, es muy sensible”, dicho esto el dragón soltó un humo denso y gris por su nariz, que mostraba su enfado hacia ese príncipe que le había insultado.

—¿Qué es todo esto? No logro entender nada. —Azul bajó de su caballo, desconcertado se sentó sobre la hierba, clavó su espada en tierra y continuó. —Soy el príncipe Azul y en palacio me informaron que se encontraba atrapada en el castillo que custodia un temible dragón que no permite a nadie su entrada o salida. No lo pensé dos veces y he venido lo antes posible a librarle de esta situación, y luego, tal y como estaba planeado, casarnos y vivir felices juntos para siempre.
—Os han debido informar mal Señor Azul, la realidad de cuanto le han contado es otra. Si tenéis un momento le explicaré todo.
—Me gustaría mucho saber la verdad de todo, si no es mucha molestia.
—Pasemos dentro, ¿le gusta el té?

El dragón siguió a la princesa y una vez dentro corrió hacía el sofá donde se echó sin que el príncipe le quitara la vista de encima, porque lo seguía viendo como un monstruo. En la sala, se encontraba disfrutando de la lectura, una bella princesa que se puso de pie para saludar al invitado.

—Supongo que es usted la causa del alboroto de hace un momento —dijo extendiendo su brazo para estrechar la mano del príncipe. —Soy Alicia, la pareja de Princesa.
—El príncipe Azul Encantado. A sus pies. —Y beso la mano que le ofrecía. —Me van a disculpar, pero cada vez entiendo menos todo esto —dijo volviéndose hacía Princesa que volvía de la cocina cargada con una bandeja con el té.
—Si tiene un poco de paciencia le explicaré con gusto todo. —Servía el té con unas pastas y el dragón corrió a sentarse junto a la princesa en espera de recibir alguna. —Ya sabes que no puede tomar esto, ¡ve al sofá!.

Y obediente volvió a acostarse mientras soltaba un poco de humo, molesto al no conseguir una pastita. El príncipe parecía cada vez más confuso, y bebía su té sin dejar de prestar atención a todo cuanto sucedía.

—Bien Azul, —comenzó. —Es cierto que este pequeño atemorizaba a todos los que trataran de alguna forma acceder al castillo o salir, pero tenía sus motivos. Una mañana en la que desperté antes del amanecer, lo encontré dormido en su madriguera, que había construido junto a la entrada del castillo para así, aprovechar el rio que lo rodea. De esta manera podría alimentar y dar de beber a ¡sus crías!. Cinco pequeñines que dormían junto al Dragón. Entonces entendí todo. —Hizo una pausa para tomar un sorbo de su té y comprobó que el príncipe le escuchaba con mucha atención y sorpresa.
—¿Mató a esos pequeños monstruos? —al decir esto, el dragón que dormitaba en el sofá, levantó su cabeza y escupió fuego con tanta puntería que quemó tan solo las plumas que adornaban el gorro que cubría la cabeza del príncipe. Este, quedó paralizado, sin atreverse a pestañear.
—¡No, Dragón malo! ¡Ve fuera! —le regañó la princesa. Y este, sin dejar de echar humo, salió al jardín. —Discúlpele Azul, hágase cargo que llamó monstruos a sus crías. Sentimos el sobresalto, pagaremos el destrozo de su gorro.

Sirvió más té y continuó su historia.

—Por supuesto que no maté a sus crías. Esos pequeños se despertaron al oírme y asustados comenzaron a escupir fuego para alejarme. Tropecé y caí en el momento que llegó Alicia, activista de una pequeña protectora de dragones, que como sabéis se encuentran en peligro de extinción. Alicia, se puso delante de mí y le ofrecía algo que comer a los dragones.
—Recuerdo tu cara desencajada, no me podría haber reído más. —Interrumpió Alicia.
—No todos los días tropieza una con seis dragones dispuestos a quemarte. —Se defendió Princesa.
—Pero si cinco de ellos eran solo unos cachorritos. —Se burló Alicia.
—Unos cachorritos con un papá muy enfadado —dijo la princesa mientras le enseñaba la lengua a Alicia en una burla y retomó de nuevo su historia. —En fin, será mejor que continúe. Para mi sorpresa, los dragones se calmaron y con algo de miedo al principio, acabaron por comer de la mano de Alicia. Ella, me hizo una señal para que me pusiera en pie y volviera dentro. Los dejó comiendo y me vino a buscar para explicarme cómo funciona su organización. Se dedican a rescatar dragones y buscarles familias que los adopten, si estos tienen castillo mejor aún. Ya sabemos lo mucho que le gusta a los dragones los castillos. Los pequeñines se encuentran ya con sus familias adoptivas desde hace algún tiempo. Y por supuesto, nos quedamos con Dragón, que ha resultado ser muy cariñoso y juguetón. Lo que intento decir es que su ferocidad solo se debía al miedo a que hicieran daño a sus pequeños, cuando entendió que no éramos una amenaza, nos permitió jugar con ellos y alimentarlos hasta que los dimos en adopción. La ayuda que recibí de Alicia y su asociación fue imprescindible para que todo acabara bien. Y como habrás podido comprender, en ese instante surgió el amor entre nosotras, por eso espero que entiendas que quiera anular, aquel acuerdo entre nuestros padres para nuestra unión en matrimonio —dijo mirando con infinito amor a Alicia, que le devolvió su mirada más dulce.

Luego se volvió hacia Azul, que se había quedado petrificado al conocer la historia. No podía entender nada. “¿Un dragón como mascota? ¿La princesa de mis sueños enamorada de otra mujer? Pero…pero qué clase de informadores tengo” dijo al fin, indignado. Agradeció la aclaración y se ofreció a hacer una donación a la organización en favor de los dragones a modo de disculpa por la intromisión y no haber contrastado la información que le había dado en palacio.

—Muchas gracias Azul, serían necesarias muchas donaciones para seguir con el buen trabajo de nuestra asociación. Si pudiera hablar a sus conocidos de nuestro trabajo… —Dijo Alicia agradecida por el donativo y emocionada por la facilidad con la que el príncipe había aceptado la nueva situación.
—Por favor, es tarde para partir a su palacio. ¿Por qué no come con nosotras y descansa un rato antes de marchar?
—Bueno, —dijo Azul dispuesto a aceptar el ofrecimiento —nunca me niego a una buena perdiz bien cocinada.
—Avisaré a cocina para que pongan un cubierto más en la mesa. Solo hay algo más que quizás debería saber. No habrá perdiz para la comida, somos vegetarianas, pero estoy convencida que le gustarán los deliciosos platos que prepara nuestra magnífica cocinera.

Dicho esto tomaron al príncipe cada una de un brazo y lo llevaron hasta el comedor. Mientras Azul, resignado, silbó hacía la puerta donde seguía el dragón en espera de que le levantaran el castigo. Y este, corrió a su encuentro. 


©Patricia Duboy


lunes, 15 de diciembre de 2014

Batalla ganada





Avanza ligero y silencioso, amigo de la noche y la tormenta. Con las velas desplegadas, el fuerte viento y el oleaje lo acercan veloz a la costa, donde atacarían por sorpresa y sin compasión. Víctor “El salvaje” da la orden y con una eficiente maniobra, quedan los doce cañones de estribor apuntando impasibles a la colonia que da cobijo al oro que ha llevado hasta allí al pirata más temido desde hace diez años, dueño y señor del mar. Los soldados dormían ajenos al peligro que les acecha, un pequeño grupo se resguardaban de la tormenta que se anunciaba desde el horizonte con truenos y relámpagos, descuidando la vigilancia, confiados en que ningún pirata se atrevería a atacar en una noche como esa. Sin duda, la fama de Víctor “El salvaje” no había llegado al lugar y sin duda, lo haría de la peor manera.
Entonces, entre truenos y relámpagos un grito “¡No dejéis a nadie con vida!” anima a los hombres a iniciar una nueva batalla llena de horror. Varios hombres abrieron fuego con los cañones, destrozando la fortaleza y alertando a los soldados que descansaban dentro y que asustados y desconcertados corrieron torpemente hacía sus puestos. En cubierta la actividad era frenética. Un grupo de piratas disparaban con sus mosquetes a todo aquel que se ponía a tiro. Luego, en el momento exacto, Víctor “El salvaje” acompañado de sus mejores hombres en la lucha cuerpo a cuerpo, alcanzó la orilla. Armados con pistolas, dagas y alfanjes asaltaron la colonia dejando…

“¡Pero qué diablos! ¡Maldito seas una y mil veces! ¡Despierta!” Gritó una voz que aunque poderosa, sonaba lejana.
Ernesto, que se había quedado dormido mientras relataba una nueva aventura de su personaje más conocido y que le había dado merecido renombre, no podía creer que esa voz fuera la de Víctor “El salvaje”. Incrédulo y somnoliento se frotó los ojos y miró a su alrededor. No vio a nadie. “Tengo que dejar de escribir hasta tan tarde” pensó. Se quitó las gafas y se puso en pie dispuesto a ir a la cama. Cuando se acercaba a la puerta de nuevo la voz de Víctor que le ordenaba con evidente desprecio.
¿Donde crees que vas, maldito? ¡Siéntate y acaba de escribir! ¿Piensas que puedes ir adormir mientras me encuentro en medio de una batalla? Debo estar soñando  se quiso convencer. Eres producto de mi imaginación, solo existes en mi cabeza. –Dijo entre incrédulo y aturdido
¿Y qué haces hablando conmigo entonces? ¡Te digo que te sientes y acabes de una vez esta batalla o atravesaré tu piel con mi daga, arrancaré tus entrañas y las tiraré a los peces! Deja de gritar. Te repito que sólo estás en mi cabeza. Voy a dormir, he trabajado sin descanso durante años, hoy no. Esta vez no. Necesito dormir. No eres nadie sin mí, maldito estúpido. Todo lo que tienes y todo lo que eres, es gracias a mí. ¡Vuelve aquí y termina esta batalla!
Ernesto se pasó nervioso la mano por el pelo. Estaba cansado, quería dormir y quería dejar de escuchar la voz de ese despreciable pirata que se pensaba dueño del mundo.
Está bien, lo haré. Pero calla de una vez. ¿Quieres que acabe esta batalla? La acabaré.
Volvió a sentarse en su escritorio y continuó narrando la batalla, deseoso de concluir para al fin poder dormir.


Lo tormenta se acercaba. Víctor “El salvaje” sin darle la mínima importancia continuaba matando sin piedad a todo el que se interpusiera en su camino. La lluvia comenzó a caer con fuerza, el fuerte viento, los truenos y relámpagos no cesaban, dándole un aspecto aterrador a la escena. Al fin, la batalla terminó con el grito victorioso de los piratas que no dejaron ni una pieza de oro por cargar en las bodegas. Así, con un peso excesivo pusieron rumbo mar adentro. Pero la tormenta era demasiado intensa. A estribor, el imponente acantilado los atraía con violencia. La tripulación no lograba dominar la embarcación que se acercaba sin remedio a las rocas. El fuerte oleaje lo arrastraba y empujaba hacía las rocas, donde se estrelló dejando el casco destrozado. El peso de todo el oro que con tanta saña habían arrebatado matando sin piedad, los arrastró rápidamente a lo más profundo del mar de forma que resultaba imposible que alguien escapara con vida. 
Los días de terror del Víctor “El salvaje”, golpeado de forma incesante contra las rocas, y el de todos sus hombres, habían llegado a su fin. 

Escrito esto, Ernesto se aseguró de guardar el archivo y se quitó las gafas. Mientras se ponía en pie, escuchó de nuevo la voz del más despreciable pirata “¡Maldito seas una y mil veces!”. Ernesto, dirigiéndose hacia la puerta respondió sin mirar atrás. “Así ya no me volverás a despertar. Dime ahora quien depende de quién”.


©Patricia Duboy

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Si me vas a querer




Si me vas a querer, regálame sonrisas, miradas con silencios,
suaves caricias y más que palabras, hechos.
Si me vas a querer, no te sueltes de mi mano
y de ese tiempo que quieras pasar a mi lado,
lléname con tu presencia y no permitas,
que olvide el calor de tus brazos. 
Si me vas a querer, vamos a llenarnos de ilusiones,
sonrisas compartidas y buenas vibraciones. 
Si me vas a querer, no dejes que me pierda de tu lado,
pero no me ates, que un amor con cadenas
se hace esclavo de un odio enmascarado.
Si me vas a querer, debes saber
que necesito alguien que esté presente.
Haz que te sienta, aunque no estés cerca.
No llenes mi corazón de ausencias
porque el tiempo, al final nos aleja. 
Si me vas a querer,
no dejemos que el silencio, invada lo nuestro.
Y no me apartes de tu vida, porque deseo compartirla.
Si me vas a querer, olvidemos los miedos.
Y empecemos de nuevo, construyendo buenos recuerdos.
Si me vas a querer, no pongas el dedo en viejas heridas,
que aunque no las provocaste, sabes que el dolor se aviva.
Si me vas a querer, no escondas lo que sientes,
y cuéntame tus sueños, los tendré siempre presentes
y te animaré a perseguirlos, hasta cumplirlos.
Si en algún momento, al decir lo que pensamos,
estamos en desacuerdo y entonces discutimos,
y tal vez, hasta nos enfadamos.
No olvidemos que nuestras diferencias,
están solo por fuera y que dentro,
no tenemos fronteras. 
Si me vas a querer, no pienses que esto son condiciones,
pues son tan solo pretensiones de un corazón que quiere querer.
Si me vas a querer, hagamos que nuestro momento sea perfecto.
Y llenemos nuestros corazones de afecto, si me quieres querer.

©Patricia Duboy

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Déjame ser



Déjame ser esa llama que prende en ti. 

Deja que avive sin miedo este fuego.
Este fuego que se refleja en tu mirada  
y me abrasa dentro.
Como decirte que al cerrar mis ojos,  
tan solo te veo a ti.
Que inspiras cada nuevo sentimiento que nace en mí.
Que en el bullicio del día  
y el silencio de la noche,  
solo tu voz prevalece en mí.
Que inconsciente te busco,  
y consciente me quedo en ti.
Que amanece cada día,  
con tu presencia clavada en mí.
Y de noche al acostarme,  
mi sueño se alimenta de ti.




©Patricia Duboy