Deja que te cuente: Otro final II

jueves, 25 de diciembre de 2014

Otro final II





Estaba la princesa en los jardines del castillo junto al temible dragón que impedía la entrada y salida de todo el que osara intentarlo. A lo lejos, a lomos de un corcel blanco de largas crines, blandiendo su espada al aire se acercaba al galope, el príncipe Azul.

—¡No temáis Princesa! Os libraré de ese maldito dragón —gritó Azul acercándose a toda velocidad.
—¡Deteneos! No es lo que parece —gritó Princesa mientras se situaba delante del dragón para protégelo. Y este, a su vez, se agachó como un perro asustado tras la princesa.
—¿Qué significa todo esto? Os devorará si no os apartáis de ese monstruo.

El dragón dejo escapar un gruñido al escuchar que el príncipe le llamaba monstruo. Entonces Princesa se volvió hacia él para calmarlo.

—Si es mi cachorrito bonito, ¿a que sí?. ¿Dónde está mi cachorrito guapo? —en ese instante, el dragón se puso panza arriba esperando las caricias de la princesa, sin dejar de mover su cola en señal de alegría.

Luego, volviéndose al príncipe le dijo con tono enfadado. “No volváis a hablar así, es muy sensible”, dicho esto el dragón soltó un humo denso y gris por su nariz, que mostraba su enfado hacia ese príncipe que le había insultado.

—¿Qué es todo esto? No logro entender nada. —Azul bajó de su caballo, desconcertado se sentó sobre la hierba, clavó su espada en tierra y continuó. —Soy el príncipe Azul y en palacio me informaron que se encontraba atrapada en el castillo que custodia un temible dragón que no permite a nadie su entrada o salida. No lo pensé dos veces y he venido lo antes posible a librarle de esta situación, y luego, tal y como estaba planeado, casarnos y vivir felices juntos para siempre.
—Os han debido informar mal Señor Azul, la realidad de cuanto le han contado es otra. Si tenéis un momento le explicaré todo.
—Me gustaría mucho saber la verdad de todo, si no es mucha molestia.
—Pasemos dentro, ¿le gusta el té?

El dragón siguió a la princesa y una vez dentro corrió hacía el sofá donde se echó sin que el príncipe le quitara la vista de encima, porque lo seguía viendo como un monstruo. En la sala, se encontraba disfrutando de la lectura, una bella princesa que se puso de pie para saludar al invitado.

—Supongo que es usted la causa del alboroto de hace un momento —dijo extendiendo su brazo para estrechar la mano del príncipe. —Soy Alicia, la pareja de Princesa.
—El príncipe Azul Encantado. A sus pies. —Y beso la mano que le ofrecía. —Me van a disculpar, pero cada vez entiendo menos todo esto —dijo volviéndose hacía Princesa que volvía de la cocina cargada con una bandeja con el té.
—Si tiene un poco de paciencia le explicaré con gusto todo. —Servía el té con unas pastas y el dragón corrió a sentarse junto a la princesa en espera de recibir alguna. —Ya sabes que no puede tomar esto, ¡ve al sofá!.

Y obediente volvió a acostarse mientras soltaba un poco de humo, molesto al no conseguir una pastita. El príncipe parecía cada vez más confuso, y bebía su té sin dejar de prestar atención a todo cuanto sucedía.

—Bien Azul, —comenzó. —Es cierto que este pequeño atemorizaba a todos los que trataran de alguna forma acceder al castillo o salir, pero tenía sus motivos. Una mañana en la que desperté antes del amanecer, lo encontré dormido en su madriguera, que había construido junto a la entrada del castillo para así, aprovechar el rio que lo rodea. De esta manera podría alimentar y dar de beber a ¡sus crías!. Cinco pequeñines que dormían junto al Dragón. Entonces entendí todo. —Hizo una pausa para tomar un sorbo de su té y comprobó que el príncipe le escuchaba con mucha atención y sorpresa.
—¿Mató a esos pequeños monstruos? —al decir esto, el dragón que dormitaba en el sofá, levantó su cabeza y escupió fuego con tanta puntería que quemó tan solo las plumas que adornaban el gorro que cubría la cabeza del príncipe. Este, quedó paralizado, sin atreverse a pestañear.
—¡No, Dragón malo! ¡Ve fuera! —le regañó la princesa. Y este, sin dejar de echar humo, salió al jardín. —Discúlpele Azul, hágase cargo que llamó monstruos a sus crías. Sentimos el sobresalto, pagaremos el destrozo de su gorro.

Sirvió más té y continuó su historia.

—Por supuesto que no maté a sus crías. Esos pequeños se despertaron al oírme y asustados comenzaron a escupir fuego para alejarme. Tropecé y caí en el momento que llegó Alicia, activista de una pequeña protectora de dragones, que como sabéis se encuentran en peligro de extinción. Alicia, se puso delante de mí y le ofrecía algo que comer a los dragones.
—Recuerdo tu cara desencajada, no me podría haber reído más. —Interrumpió Alicia.
—No todos los días tropieza una con seis dragones dispuestos a quemarte. —Se defendió Princesa.
—Pero si cinco de ellos eran solo unos cachorritos. —Se burló Alicia.
—Unos cachorritos con un papá muy enfadado —dijo la princesa mientras le enseñaba la lengua a Alicia en una burla y retomó de nuevo su historia. —En fin, será mejor que continúe. Para mi sorpresa, los dragones se calmaron y con algo de miedo al principio, acabaron por comer de la mano de Alicia. Ella, me hizo una señal para que me pusiera en pie y volviera dentro. Los dejó comiendo y me vino a buscar para explicarme cómo funciona su organización. Se dedican a rescatar dragones y buscarles familias que los adopten, si estos tienen castillo mejor aún. Ya sabemos lo mucho que le gusta a los dragones los castillos. Los pequeñines se encuentran ya con sus familias adoptivas desde hace algún tiempo. Y por supuesto, nos quedamos con Dragón, que ha resultado ser muy cariñoso y juguetón. Lo que intento decir es que su ferocidad solo se debía al miedo a que hicieran daño a sus pequeños, cuando entendió que no éramos una amenaza, nos permitió jugar con ellos y alimentarlos hasta que los dimos en adopción. La ayuda que recibí de Alicia y su asociación fue imprescindible para que todo acabara bien. Y como habrás podido comprender, en ese instante surgió el amor entre nosotras, por eso espero que entiendas que quiera anular, aquel acuerdo entre nuestros padres para nuestra unión en matrimonio —dijo mirando con infinito amor a Alicia, que le devolvió su mirada más dulce.

Luego se volvió hacia Azul, que se había quedado petrificado al conocer la historia. No podía entender nada. “¿Un dragón como mascota? ¿La princesa de mis sueños enamorada de otra mujer? Pero…pero qué clase de informadores tengo” dijo al fin, indignado. Agradeció la aclaración y se ofreció a hacer una donación a la organización en favor de los dragones a modo de disculpa por la intromisión y no haber contrastado la información que le había dado en palacio.

—Muchas gracias Azul, serían necesarias muchas donaciones para seguir con el buen trabajo de nuestra asociación. Si pudiera hablar a sus conocidos de nuestro trabajo… —Dijo Alicia agradecida por el donativo y emocionada por la facilidad con la que el príncipe había aceptado la nueva situación.
—Por favor, es tarde para partir a su palacio. ¿Por qué no come con nosotras y descansa un rato antes de marchar?
—Bueno, —dijo Azul dispuesto a aceptar el ofrecimiento —nunca me niego a una buena perdiz bien cocinada.
—Avisaré a cocina para que pongan un cubierto más en la mesa. Solo hay algo más que quizás debería saber. No habrá perdiz para la comida, somos vegetarianas, pero estoy convencida que le gustarán los deliciosos platos que prepara nuestra magnífica cocinera.

Dicho esto tomaron al príncipe cada una de un brazo y lo llevaron hasta el comedor. Mientras Azul, resignado, silbó hacía la puerta donde seguía el dragón en espera de que le levantaran el castigo. Y este, corrió a su encuentro. 


©Patricia Duboy


2 comentarios:

  1. Y la historia atípica del príncipe azul, la princesa y el dragón, jejeje, me gustó mucho Patricia.
    Abrazos :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Alejandra, es que pueden haber tantos finales en una misma historia, que conformarse solo con uno no me parece justo jeje

      Eliminar