Deja que te cuente: Un tren a sus brazos

viernes, 9 de enero de 2015

Un tren a sus brazos





Entonces sucedió. No podía creerlo. Pasó sin darme cuenta, y no pude evitarlo. O quizá, no quise. Sólo podía pensar en ella. Y ella, no era consciente de mis sentimientos, al menos eso creía. Y no porque no los demostrara, lo cierto es que me era imposible disimularlos.

Cada mañana, espero impaciente el instante en el que la veo descender con prisas hasta el andén. Y cada mañana, se pierden mis pensamientos en todo cuanto deseo hacer con su cuerpo. Reconozco que al principio, ni siquiera había reparado en ella. Hasta una mañana, en la que por descuido, tropezó conmigo. "Perdona no te había visto". Y fue entonces cuando comenzó mi tormento, desde ese momento fui consciente de su existencia.

Adormilada, como cada mañana, llego a la estación del metro perdida en mis pensamientos. Esos, que me roban el sueño. Me siento a esperar que pasen los escasos minutos que restan hasta la llegada del próximo tren. Desde que tropezara conmigo, prefiero esperar en ese banco frente a las escaleras de bajada. Y entonces, llega ella, puntualmente tarde como cada mañana, pero a tiempo para tomar ese tren, que para ella siempre se adelanta. Espero a que tome asiento y solo entonces, tomo el mío, a tan solo dos de distancia frente a ella. Desde donde puedo espiar su hábil destreza para maquillarse entre las sacudidas de un tren, al que no le importa quien viaja de pie. “No debe saber que ya es exagerada su belleza” pienso, “que no necesita disfrazar sus carnosos labios con carmín, ni teñir la intensidad de su mirada o colorear sus mejillas”. Le robaría todos esos colores a besos. Y así, cada mañana me dejo arrastrar por el deseo que me invade dentro, sin evitar lo que siento.
A veces, tengo la sensación que también me espía, y que me lanza alguna mirada burlona y fugaz. Y entonces, creo ver medias sonrisas cuando, al sentirme descubierta, miro la pantalla apagada de mi móvil o peino distraída mi flequillo. Delatada por mi falta de turbación, vuelvo la mirada hacia la oscuridad de los cristales de las ventanas, en busca de su reflejo y ahí descubro, su sonrisa completa. Su intensa mirada, que me atraviesa. Un guiño de su ojo que me tensa, y enmudece mi cabeza. Y al llegar a mi parada, que también es suya, dejo pasar a la gente hasta que se calmen mis pensamientos llenos de deseos por ella. Para ser sincera, espero también a que pase a mi lado y poder perderme en el contoneo imposible de sus caderas.

Pero aquella mañana, mientras miro la manera en que se aleja, vuelve sobre sus pasos y se detiene junto a mí. Su voz llega a mis oídos con una pregunta, que el fuerte latido de mi corazón me impide oír. Las mariposas que habitan mi estómago, asustadas por el estruendo de mis latidos se desbocan, y alocadas, llegan hasta mi garganta para evitar que pueda decir nada. Sin borrar su sonrisa, su mano aprieta mi hombro, y respiro profundo para calmar el torbellino que se ha desatado dentro. Y de nuevo su voz me repite la pregunta, que esta vez me esfuerzo por escuchar. "¿Comemos juntas?" me dice con tono sensual, aunque para mí, todo en ella es sensual. Un torpe movimiento de mi cabeza dice "Sí" y ansiosa por que llegue el final del día entro en mi oficina. Frente al ordenador, mi cabeza vuela a esa cita, y se imagina su cuerpo sobre mi mesa. Las horas pasan lentas y mi deseo aumenta. 
Al fin, frente a ella. Me dice su nombre y me besa. Ya en el restaurante ella me confiesa, que hacía tiempo que buscaba ese encuentro. Sonrojada le digo, que sueño cada noche sus besos. Me sonríe y sonrío. Ella comienza a hablar, pero no soy capaz de escuchar sus palabras. Sus carnosos labios tienen atrapados mis sentidos. Esos labios, que deseo en los míos, y me pierdo en su movimiento acompasado atraída por el baile sensual que realiza con cada bocado. Esa forma en que los separa para rodear al tenedor muy despacio y con un apretado abrazo, le ayuda a vaciarse dentro, salir libre de alimento, y volver al plato y tomar otro pedazo guiado por su mano. Sus manos… Tan estilizadas y con delgados dedos, que se me antojan hábiles en otros espacios de la vista alejados. Y de sus manos, mi mirada a su pecho, a ese hipnótico vaivén que su respiración provoca. No consigo disimular lo que sueño en mi cabeza y como si leyera mis pensamientos, con una sonrisa me advierte, que quiere otra cita donde se encuentren presente mi cuerpo y mi mente.

Paseamos hasta la estación. Demasiada gente en el vagón y nos quedamos de pie junto a la puerta. Nuestros cuerpos enfrentados, cara a cara nos encontramos. La proximidad de su piel, hace que su calor traspase mi ropa. Mi deseo es tan evidente. En una sacudida del tren pierdo consciente el equilibrio. Ella, para ayudarme a recuperarlo, rodea mi cintura con sus brazos. Adivina mi intención, sonríe y aprieta con fuerza su abrazo. Entonces, susurra en mi oído “a esto podemos jugar las dos”. Y siento tan cerca el aliento de su boca, que me vence el deseo de atraer su cuerpo, y robarle al fin, un beso.




©Patricia Duboy

4 comentarios:

  1. Patricia. Un saludo desde México.

    Interesante los dos textos, un tren a sus brazos y el relato erótico. Expreso mi opinión y no es una critica. Hay muchos ejemplos en el cine acerca del erótismo. EL ULTIMO TANGO EN PARIS, EMANUELLE, 9 SEMANAS Y MEDIA, ANÓNIMO VENECIANO, LAS EDADES DE LULÚ, PAPRIKA, LA HISTORIA DE O. por citar alguno ejemplos. También tenemos ejemplos en la literatura y poesia erótica. Es cuestión de dejar volar la imaginación o bien sacar nuestras vivencias personales sin limites de narración. No soy escritor lo comento. Me gusta leer de todo un poco para tener referencias. Es por eso que me atrivi a leer lo que escribes. que es interesante, del cómo es ese encuentro entre dos cuerpos del mismo genero, no por morbosidad sino conocer como es por dentro y las circunstancias que lo conllevan a consumarse, expresado por tus letras. Estamos en el SIGLO XXI donde se ha dado libertad y respeto a la diversidad de generos, para que ya nadie se escondan de sus preferencias sexuales, pero creo que la historia siempre ha sido el mejor de los testigos de los avances del hombre y la mujer, como en una novela; esperemos cual va ser el desenlace en esto de la diversidad de generos.Niños de probeta, familias del mismo sexo en fin... todo esto es respetable. En mi caso a mutúo acuerdo seguiré a la mujer para mis encuentros eróticos. Enhorabuena que sigan los éxitos. RENNATTO MAYA.

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    1. Antes de nada agradecer tu lectura y comentario. Como bien dices se puede encontrar mucho y muy bueno sobre erotismo, es algo tan antiguo como la humanidad y esa necesidad de expresarse de forma artística. Permitiendo con eso que llegue a nuestros tiempos y perdure.
      La homoxesualidad no siempre ha sido algo tabú, como sabrás en la historia conocida, hubo civilizaciones donde estaba bien visto. Lo que narro en mis textos, no son tanto mis vivencias, sí mi experiencia en mi forma de sentir. Nada mejor que escribir sobre algo que conoces en primera persona, pues es más fácil de transmitir con las palabras aquello que deseamos. Con respecto a lo que dices sobre las familias, desde mi punto de vista, una familia es una familia siempre que en ella prime el amor y el respeto. No creo que vengan muchas más diferencias en ellas como las que ya vienen existiendo. De igual forma, pienso que el amor es amor, y por suerte los humanos poseemos toda esa diversidad que no puede más que hacernos crecer por dentro, siempre como ya he dicho, que haya amor y respeto. Es respeto y tolerancia lo que suele faltarnos, y no solo ya respecto a las diferentes familias, sino sobre todo cuanto nos rodea. El amor y el respeto deben ser la base de nuestra existencia. Somos amor, aunque en ocasiones nos asuste demostrarlo. De nuevo gracias por pasarte a leerme y comentar. Besos

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  2. Me ha encantado tu estilo
    Un relato fantastico
    Gracias por compartirlo

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    1. Gracias a ti por pasarte y comentar. Me alegra que te gustara. Besos

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