Deja que te cuente: marzo 2015

viernes, 27 de marzo de 2015

Esa delgada línea

(primera parte)




La vuelta de mis vacaciones fue la esperada. Regresar al piso después de dos semanas fuera, había sido como volver a una cueva fría y oscura. Deshice la maleta sin gana alguna, me di una ducha y cené algo rápido con lo poco que encontré en el frigorífico. Pensar en la rutina que me aguardaba a la mañana siguiente, me quitaba la paz que me traje y de la que había disfrutado en la cabaña con mis amigas. Un lugar acogedor y tranquilo, donde el frío de estos días, apenas se había dejado notar. El día de la vuelta, y como deseábamos regresar, a una de mis amigas se le ocurrió emular lo que hacen los turistas en la Fontana di Trevi. Con esa idea dimos un último paseo hasta el lago, nos sentamos sobre el pantalán y con los pies en el agua estuvimos allí un rato. Y antes de volver, de pie y en fila dando la espalda al lago, lanzamos una moneda cada una. Aunque de buena gana me habría tirado yo, de no ser por el frío y lo poco que calentaba el sol.

Le di un par de vueltas a todos los canales de la televisión. Nada bueno para ver. Y como aún era temprano, decidí apagarla y leer un rato antes de dormir. Sumergida en el silencio de la lectura, escuché abrir y cerrar la puerta del piso vecino. “Debieron mudarse mientras estuve en la sierra” me dije, y continué con mi libro. Una hora más tarde ya en mi cama, me aseguré de tener bien la alarma en mi teléfono móvil. Quizás estaba un poco susceptible, pero me pareció que había sonreído cuando puse que sonara a las seis y media. Aunque malhumorada, no tardé en quedar dormida.

Aún no había salido el sol cuando puntual sonó la alarma. Medio dormida me arrastré hasta la cocina y le di al interruptor de la cafetera, puse una capsula nueva y mientras calentaba, fui al baño. El café primero y la ducha después, consiguieron despertarme y ya lista, abrí para salir. Introduciendo la llave para cerrar, iba saliendo de espaldas y poco acostumbrada a tener vecinos, tropecé con alguien. Me volví a pedir disculpas y una chica nada amable me miró y se fue sin decir nada. No pude evitar dejar escapar un “¡vaya!” y algo fastidiada cerré y corrí a la parada de autobús. A medida que me acercaba, creía ver a mi nueva vecina esperando alguna línea y aún molesta por su falta de empatía, me acerqué para saber si nació tan amable o le afectaban demasiado los lunes.

   Hola, soy Gloria del 3ºD, hemos tropezado antes al salir y creo que no escuchaste mis disculpas —le dije con mi sonrisa más cordial.
        — Sí, te había oído. 

Y mientras decía esto, llegó su autobús al que subió sin decir nada más. Por un segundo me hirvió la sangre y ya no tuve duda. Nació así de amable. Desconozco cuál es mi problema hacía la actitud de este tipo de personas, pero me desagradan sin poderlo evitar.

En mi trabajo la jornada fue tranquila, con más horas de pasillo que de costumbre, necesarias siempre tras la vuelta de vacaciones, en las que no volvió a mi pensamiento la amabilidad de mi nueva vecina. Tenía bastante trabajo acumulado y aunque no había solucionado todo, logré despejar bastante mi mesa. Así volví a casa satisfecha. Y tras ponerme cómoda me preparé una ensalada y puse las noticias. Terminaba de comer cuando escuché la puerta de mi vecina, y mi cabeza me recordó lo sucedido esta mañana. Preferí no darle más importancia y así acabar de comer tranquila. Mi cuerpo, que aún seguía de vacaciones, necesitaba una siesta. Pero mi vecina no estaba dispuesta a dejarme hacerlo. Cuando me disponía a tumbarme en el sofá, el ruido de un taladro me enervó. Me levanté y llamé a su puerta. Abrió con el taladro en la mano y con toda la calma que pude, le intenté explicar que no eran horas para hacer eso.

        — ¿Y qué hora es buena para ti? —me dijo con sorna, y mi calma desapareció.
        — ¿Pero qué pasa contigo?
        — ¿Conmigo? —preguntó dejando escapar una media sonrisa.
        — ¿No crees que deberías disculparte?
        — ¿No fuiste tú quien tropezó conmigo? —dijo ella usando el mismo tono con el que le había preguntado yo.
      — Sí. Y me disculpé y no he recibido de tu parte ni una sola palabra. Y ahora, esto. Eres muy irritable
        — Vaya, ¿debo darte las gracias también por eso?
      — Mira, no sé cuál es tú problema. Pero te pido, por favor, que dejes eso para otro momento.

Y antes de darme la vuelva para volver a mi siesta, levantó el taladro a la altura de su cara y lo hizo funcionar al tiempo que arqueaba sus cejas y sonreía con burla. Sentí mi sangre en ebullición y sin darme tiempo a que pudiera reaccionar cerró la puerta. Ahora sabía que es cierto eso de que hay personas capaces de sacar lo peor de uno mismo, porque le estaba encontrando nuevas utilidades a ese taladro. Al fin, silencio. Volví a mi sofá y en unos segundos me quedé dormida. Aunque intuía, que no tardaría mucho en volver a llamar a su puerta.

Continuará...



A la segunda parte                                                                  A la tercera parte


©Patricia Duboy

jueves, 26 de marzo de 2015

Premio Parabatais



El sonido de una nueva notificación me alerta de que alguien me menciona y que sorpresa la mía, cuando al ir a ver, descubro que Juan Carlos desde su blog Universo mágico, me nomina para el premio PARABATAIS, premio que también ha recibido su comunidad Ciencia naturaleza.  



Estos premios que van de blog en blog por compañeros de letras, hacen aún más gratificante si cabe, el compartir cuanto escribimos. Por supuesto, tiene condiciones que son:

  • Hacer visible en el propio blog el premio
  • Nominar a 15 compañeros

      

Y aquí propongo a mis 15 nominados:


  1. Gerard el Pelusa Hurtado con sus breves inquietudes
  2. Salvador Arnau con su Bohemia Plus
  3. David Lopez Moncada con sus recursos educativos
  4. Bernardo Enrique López Baltodano y su Belbaltodano
  5. La Luz con su Luz
  6. Manuel Casanova Gomez y su Equinocio
  7. Isidoro Gomez con su blog 
  8. Larrú con sus Fantasmas
  9. William Hernandez con su Universo Abierto
  10. Sergio Raga con su New Hera
  11. Ricardo Mazzoccone con sus Historias de Richard
  12. Ale Oscura Con su Renacer del ocaso
  13. Federico Rivolta con sus Relatos oscuros
  14. David Solera Asis con su Abubilla
  15. Mikel Beltran con sus Razones para sentir

Enhorabuena a todos y de nuevo mil gracias a Juan Carlos por pensar en mi blog. 




martes, 24 de marzo de 2015

Sueños




A veces soy sueño inacabado,
y despierto allí donde ya no estás.
A veces pienso en lo eterno,
y descubro que está lleno de adiós.
Esas palabras que guardas tras tu mirada,
y delatan la intención de tu corazón.
Esos gestos que atrapa mi mirada,
y revelan la traición de tu razón.
Con gestos y miradas me cuentas historias,
que no precisan de más explicación.
Y ahora que te siento lejos,
me quedo sin esos cuentos,
que confunden a mi corazón.
Y aprendí a olvidar lo preciso, para evitar sufrir.
Porque el dolor se queda dentro, y no permite vivir.
Y es necesario vaciarse primero, para llenarnos después.
Y al recordar tu olvido descubrí,
que esas caricias que guardaba para ti.
Llevan ahora otro nombre,
que me vuelve a hacer sentir.
Que querer no es amar, y amar no es sufrir.



©Patricia Duboy



viernes, 20 de marzo de 2015

Aún espero esa canción





Me detuve aquí.
Y aquí me quedaré vayas o vengas.
Ni un paso más.
Me detengo aquí hasta decidir hacía donde girar.
A veces, deseo que un viento frío llegue para helar tus intenciones,
y regrese así la calma aquí donde me detuve.
Aún sigo esperando que suene esa canción.
Tantas melodías parecidas,
perdidas en su intención de ser.
Tantas melodías dormidas,
que ni siquiera quisieron ser.
Tantas melodías en mi vida,
que el tiempo dejó atrás.
Tantas nuevas por llegar.
Melodías, capaces algunas de erizar la piel,
llenar tu mirada de lluvia,
dibujar sonrisas,
o poner alas a tus pies.
Melodías que invitan a soñar,
Melodías que transportan a otro lugar.
Aunque a veces, el silencio suene mejor.


©Patricia Duboy



viernes, 13 de marzo de 2015

No existe nada más que tu boca



Hacía tan solo unos días que las habían presentado, y desde ese día, no se habían separado. Aunque aún, no habían tenido ningún momento a solas. Desde el instante que se conocieron, había surgido entre ellas una irresistible necesidad por sentirse, que aplacaban con leves roces de los dedos furtivos de una, sobre la piel suave de la mano de la otra. Entre miradas cómplices, intercambian sonrisas que despertaban un hormigueo en sus estómagos, y se contagiaban risas que terminaban en una intensa mirada que las llenaban de deseo.

“No puedo, soy incapaz de dejar de mirar tu boca. Te observo gesticular cada palabra que pronuncias, y esa forma en que tomas pequeños sorbos de tu copa. Y luego, solo un segundo después, deslizas tu lengua sobre ellos tan despacio, que pienso lo haces consciente de que ese gesto tuyo me tiene cautiva. No puedo dejar de mirarte cada vez que ríes, y cuando sonríes al sorprenderme con mis ojos clavados en tu boca. Tímida bajo entonces la mirada, y espero que el calor que siento en mis mejillas, no las haya coloreado, porque es seguro que así delataría mis pensamientos. Y antes de que el calor abandone mi cara, vuelvo inconsciente a perderme en tu boca. En cada gesto que acrecienta mi deseo por sentir tus labios en los míos. Tu boca… no existe nada más que tu boca.

Cuando salimos sueles pintar tan solo tus labios. Ni tus ojos, ni tus mejillas. Tan solo un suave rosado en tus labios, que hace que resalten de tal forma, que no puedo mirar nada más. El perfilado perfecto, consigue que el provocativo volumen natural de tu boca se multiplique. Y no puedo dejar de mirarte. Y tú sonríes, porque sabes que me vuelve loca.

Hace solo un par de horas que hemos llegado al local, y ya he tomado tres copas. Intento encontrar en ellas el valor que me falta para dar el paso, y quedarme para siempre con el calor que guardan tus labios. Siento que han pasado ya demasiados días intentando apagar, sin conseguirlo, este deseo por sentir tus besos. Empieza a ser urgente conseguir un minuto a solas contigo. El tiempo justo, para robarte mi beso. Por suerte, hoy juega el destino a mi favor. Todas quieren cambiar de local y tú, que dijiste venir cansada del trabajo, prefieres regresar a casa. Sin dudarlo, me voy contigo. Paseamos entre risas hasta la parada de taxis y en el paseo mi mano busca tu mano. Y creo que tu mano, encuentra la mía. No puedo más y me detengo. Un paso por delante de mí, te detienes. Giras sobre ti y en silencio quedas frente a mí. La sonrisa en tus labios me invita a librar esta corta distancia que nos separa. Doy un paso hacia ti. Y sin decir nada, mis labios se encuentran al fin con los tuyos”.

—Espera... espera un segundo —Me susurras incapaz de apartarte a más de unos milímetros de mi boca—. Hace poco acabé una relación, no estoy preparada. Necesito ir más despacio.

—¿Sabes cuánto hace que no siento esto? —te digo sin dejar de besarte.
—No, no lo sé.
—Mucho. Demasiado tiempo. Y no quiero ir despacio —digo entre besos suaves y cortos—. No me apetece ir despacio. Y en tus besos, puedo notar que tampoco tú, quieres ir despacio. —Y tuve la certeza de que así es, cuando tu mano en mi cuello me acerca a tu boca y aprietas mis labios en un beso que alargas, hasta aumentar mi deseo.


Y rodeo tu cintura y te acerco hacia mí para sentir tu cuerpo. Quiero llevarme grabado el sabor de tu boca. No existe nada más que tu boca. Y como me cuesta creer lo que está sucediendo, me alejo unos centímetros de ti para admirarte. Y solo entonces, soy consciente del brillo en tu mirada. Esa mirada, que llevo en mi sonrisa de vuelta a casa.


©Patricia Duboy



viernes, 6 de marzo de 2015

Extraños conocidos




A veces, salgo a pasear tan solo para encontrar historias que contar. Tropezarme con alguno de esos momentos de las cosas cotidianas, que muchas veces se nos escapa de nuestra atención y no le damos importancia. A veces, encuentro inspiración en esas pequeñas cosas. Algunas otras veces, son esas pequeñas historias de la vida, las que me encuentran…

Sentada frente al mar, con los pensamientos entretenidos en la lectura, dejo pasar esos minutos antes de regresar a la realidad de la rutina diaria. Y entonces, alguien se acercó. Me preguntó la hora. Y después mi nombre. Me pregunto otra vez y se sentó a mi lado dispuesto a hablar. Me saqué el auricular que pone música en mis oídos, cerré el libro que leía y aunque no me apetecía mantener una conversación, le sonreí.

Y me habló de la vida, esa que ve a través de sus ojos y que me quería mostrar. Y le hablé de la vida que ven los míos y así, hablamos durante un rato. No puedo negarme a una mirada, a una sonrisa, a unas palabras, porque entiendo que cada palabra pronunciada con una sonrisa en los labios y una mirada directa a los ojos, son intentos de nuestro más profundo yo, por encontrar aquel otro que le haga despertar de su sueño.

Que la vida desea entregarnos, todo cuanto estemos dispuestos a aceptar.
Que la vida, tiene sus razones para cruzar caminos.
Razones que solo con el tiempo llegamos a entender.

Sus ojos verdes me buscaban incansables y cada vez que me encontraban, sus labios me regalaban una sonrisa. Y así sonrisa tras sonrisa, y mirada tras mirada, pasaba el tiempo. Cuantas cosas puede esconder una mirada. Todo un mundo por completo diferente al que nuestros ojos ven.

Y el tiempo se hizo corto. “Me alegro de verte”, me dijo al despedirse. Aunque era la primera vez que nos veíamos, o eso creo. Quizá, nos conocíamos de alguna otra vida y yo no lo recuerdo.



©Patricia Duboy