Deja que te cuente: Esa delgada línea II

lunes, 6 de abril de 2015

Esa delgada línea II


(Segunda parte) 

A la primera parte                                                                     A la tercera parte




Sentí una mano apartar de mi frente el pelo que caía sobre ella y a unos labios tibios dejar un beso. Abrí despacio mis ojos, sin comprender muy bien que estaba pasando. Y junto a mí, sentada en el sofá estaba ella. “¿Cómo has entrado?” acerté a preguntar con más confusión que curiosidad. Puso su dedo índice sobre mis labios, invitándome a guardar silencio. Y muy despacio, a la vez que apartaba su dedo acercaba su boca a la mía y me besó sin decir nada. No me resistí. Lo cierto es que desde que tropezamos ésta mañana, había sentido cierta atracción hacía ella, me pareció una chica más que atractiva, aunque su actitud eclipsaba todo lo demás. Se apartó de mí un segundo y con un martillo que no sé de donde había salido, comenzó a golpear la mesa. “¿Por qué haces eso? Basta, déjalo ya”, pero no me respondía. La situación me desconcertaba y ella continuaba golpeando sin cesar. Traté de quitarle el martillo, pero por alguna razón no podía asirlo y entonces, escuché un grito. Desperté de golpe y del sobresalto me caí del sofá. En parte aliviada de que todo hubiera sido un sueño, me sedujo la idea de tener algo con ella.

Miré la hora, pasaban de las seis. Había dormido un buen rato, aunque seguía con sueño. Preparé café y mientras esperaba que calentara, recordé lo soñado. Me fastidiaba haber tenido un sueño con una persona tan irritable, aunque reconozco que seguía sintiendo sus labios en los míos, y me gustaba. Entonces, comenzaron de nuevo los golpes que me habían despertado de mi siesta. Y en un segundo, se esfumó de mi cabeza mi sueño con ella. “¿Pero qué está haciendo ahora?”. Decidí tratar de ignorar los golpes y me senté a tomar el café. Mientras dormía, mi amiga Lydia me había llamado y aproveché el rato del café para devolverle la llamada. Los golpes no cesaban y me costaba escuchar lo que me contaba. “¿Pero cuánto se puede tardar en colgar un cuadro?” pensé. Era imposible centrarse en la conversación, así que decidimos quedar mañana para comer y seguir entonces donde lo habíamos dejado. Tras colgar el teléfono puse música a buen volumen para amortiguar el ruido de los golpes. Se detuvieron los golpes y escuché llamar a mi puerta. Bajé la música y abrí. Era ella.

      —  ¿Podrías no poner la música con tanto volumen? —No daba crédito a lo que escuchaba.
      — ¿Qué no ponga la música…? —y antes de acabar la pregunta solté una ruidosa carcajada. —Estás de broma ¿verdad?
      —  Se escucha mucho en mi piso y…
      —  ¿En serio? ¿Se escucha en tu piso? —le dije todo lo irónica que pude y visiblemente molesta, se fue.

Volvieron más fuertes sus golpes y mi música. Y cuanto más aumentaban sus golpes, más lo hacía mi música. Hasta que escuché un grito de dolor, los golpes cesaron y quité la música. No sé la razón, pero no pude evitar ir a llamar a su puerta. Me abrió con su mano izquierda bajo su brazo, tratando de contener así el dolor. Sin duda se había golpeado con el martillo.

               — ¿Qué quieres ahora? —preguntó con rabia.
               — ¿Te has hecho daño? —mi pregunta la calmó
               —  Creo que me he roto el dedo —exageró
             — ¿Me dejas verlo? —tenía mal aspecto, pero no estaba roto. —Algo de hielo te vendrá bien
               —  No tengo nada de hielo, apenas he tenido tiempo para nada.
               —  En mi piso debo tener, vamos y te pongo un poco.

Sentadas en el sofá tomé su mano y con sumo cuidado le puse el frío del hielo. Estuvimos un rato en silencio, la veía hacer gestos de dolor, pero no se quejaba. De repente dejé de ver en ella a esa persona tan irritable que me desquiciaba, y la escena me enterneció. A mi cabeza volvió el sueño de mi siesta y sentí deseos de besarle. Debió notar que la miraba y sus ojos se encontraron con los míos. Creí ver en su mirada una invitación y me incliné hacía ella buscando sus labios, pero al roce de mi boca en un impulso inconsciente, me rechazó.

          — ¿Qué haces?
          —   Perdona… Pensé que…
          — ¿Pensaste? —me interrumpió—. Hazme un favor y no pienses.

Tiró el hielo, se levantó y se fue. Quedé confundida y me reproché lo ocurrido.
Los días siguientes a aquello evité cruzarme con ella y traté de olvidarlo. Me convencí de que era imposible sentir algo por ella. Hacia solo unos días que la conocía. Días en los que habíamos discutido, más que hablado. Pero a pesar de esa lógica, no encontraba explicación a la forma en que me sentía esos días. “No puedo estar enamorada” me repetía como un mantra. “Solo fue un impulso. Es absurdo que sienta algo”. Llegué a convencerme de eso, pero no tardaría en volver a desbaratarme todo. 


Continuará


©Patricia Duboy




6 comentarios:

  1. Hola Patricia, la vecina se enamoró de la bullanguera je,je. Al parecer no es correspondida, pero quien sabe el giro que tome la historia, habrá que leer mas.
    Abrazos!

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    1. Si es que el corazón es débil Alejandra y casi siempre hace caso omiso a la razón​, será por eso que se suele sufrir por amores no correspondidos jeje. Gracias por pasarte y comentar!
      Besos

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  2. La atracción y la química son caprichosas; si hablamos del amor, otro tanto. Cuantas relaciones han empezado con mal pie, con mutuos resquemores hacia la otra persona o incluso en abierta animadversión. Sin embargo... ¡¡si tiene que suceder, sucede!!

    Interesante tu historia, ya estoy deseando saber si terminan por odiarse sin remedio o por amarse con locura :))

    Un abrazo, Patricia. Me encantó!!

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    1. Cierto Julia, lo que ha de ser, será. Somos marionetas de los sentimientos, que pocas veces podemos disimular. Amor u odio, que delgada línea los separa y que fácil de saltar!
      Gracias por tu tiempo guapa. Besos

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  3. Ummmm deseando leer la tercera parte de esta interesante historia. ¿Surgirá el amor entre vecinas? Muy bueno. Me han gustado las dos partes. Un abrazo.

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    1. Hola María, al menos en una de ellas ha surgido el amor, aunque se lo niegue jejeje, falta ver si es correspondida o todo queda en el intento. Gracias por pasarte y comentar. Besos

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