Deja que te cuente: junio 2015

miércoles, 24 de junio de 2015

Otro mañana








CAPITULO I



El sonido que dejó la puerta al cerrar aún resonaba en su corazón hueco. Se levantó con la sensación de que nada de lo ocurrido ayer había pasado. Despertó perezosa. Casi sin fuerzas, se arrastró hasta el baño y mojó su cara con agua fría con la esperanza de que le despejara los sentidos. Sin conseguirlo, puso en práctica el plan B: un café bien cargado.

Con la taza en la mano, se dirigió al sofá donde le gustaba disfrutar de ese primer café del día. Una vez allí, comenzó a repasar mentalmente cada detalle de lo sucedido la tarde anterior.

Seguía sin entender nada. No se había dado cuenta del momento en que comenzaron a cambiar las cosas. Hubo algún reproche de su parte sí, pero nada de importancia y nunca lo interpretó como una señal de que esos casi cinco años juntas, se vinieran abajo derrumbando todo cuanto habían construido. Sólo en la tarde de ayer, tras regresar a casa después del trabajo y ver las maletas en la puerta. Tuvo la visión de esos escombros y del polvo levantado que parecía flotar en el aire.

—No puedo seguir así, Gabriela. Me voy —dijo Arantxa rotunda y, sin esperar respuesta, cogió sus maletas para salir.
—¿Qué? Espera —la detuvo cerrando la puerta rápidamente—, pero ¿a dónde vas? ¿Qué ha pasado?
—No puedo creer que no hayas notado nada. —En la calle sonó un claxon—. Me esperan —la apartó y abrió la puerta para salir—. Tengo que irme ya.
—Pero… ¿a dónde? ¿Con quién?

Sin responder, Arantxa avanzó por la calle y Gabriela, incapaz de moverse, quedó mirando cómo subía a un deportivo rojo donde una chica la esperaba sonriente. La besó, mientras se acomodaba en el asiento del copiloto. Gabriela, aún en la puerta, confundida y con el corazón encogido, las vio alejarse.

Dio otro sorbo al café, todavía caliente. Dejó la taza vacía sobre la mesa junto al sofá y se recostó. Con la mirada perdida en el techo de la habitación, buscó ese momento en el que no parecía haber vuelta atrás y en el que hacía tiempo, sin que hubiera sido consciente, había quedado perdida la relación entre ambas.

Cerró los ojos, aún hinchados por las lágrimas de la tarde anterior. Su llanto no cesó hasta bien avanzada la noche, cuando el sueño le venció después de haber tratado sin éxito, de hablar con Arantxa. Su móvil estuvo apagado todo el tiempo, y sólo consiguió sentir una dolorosa impotencia. En un último intento, envió varios mensajes y esperó respuesta durante un buen rato con los ojos fijos en la pantalla. Agotada, se quedó dormida pensando en lo ocurrido.




©Patricia Duboy


Éste es el capítulo primero de "Otro mañana", novela corta que espero autopublicar pronto. Y por supuesto, si os gusta, espero vuestros comentarios.




sábado, 6 de junio de 2015

Te vas yendo




Nada dices, todo callas.
Nada digo y mis ojos te buscan.
Te vas yendo despacio, 
y me detengo ahí donde te fuiste, 
sin saber qué te pasa.
Porque a veces, regresas. 
Y por un momento mi mundo es tuyo y mío, tu mundo.
Esa mirada en tus ojos que lo dice todo.
Ese brillo, que pronto desaparece.
Y de nuevo, te vas yendo.
Un poco más lejos cada vez, 
y no encuentro razones.
Me das y al segundo me quitas.
Y me quitas la vida a cada paso que te alejas,
y porque temo por ella, te dejo ir.
Y como más no puedo, me voy de aquí.
Así despacio, hacia donde tú nunca vuelves.



©Patricia Duboy



lunes, 1 de junio de 2015

Mi parada






Me bajo aquí. No es mi parada. Ni siquiera es una parada pero ya no seguiré. Hice el viaje casi entero de pie, sujeta como podía a estas barras clavadas al techo y al suelo de cada vagón. Me duele todo el cuerpo del traqueteo y de tratar de mantener el equilibrio. Me quedé sin fuerzas. No ha sido un viaje cómodo y solo a ratos fue agradable. Por eso, he decidido bajar. Sé, que no aguantaré hasta el final. Ni siquiera sé, si lo que me esperaba en la que creía ser mi parada, era realmente lo que sueño ver. 

Quizá si pasara otro tren, aunque tuviera un destino distinto al mío, si para entonces ya estuviera recuperada, puede que decidiera subir. O aún mejor, si tuviera suerte y pudiera continuar el viaje en globo. Uno de esos de colores que se elevan muy alto en el cielo. Que bello sería sobrevolar todo, de paseo por las nubes. Poder ver todo hacerse muy pequeño bajo mis pies y así perder toda la importancia que tuviera alguna vez. No dejo de soñar, pero lo que ahora necesito, es parar. Descansar al fin. Por cuanto tiempo no sé. Tal vez necesite demasiado y mi cuerpo al fin vencido, se funda con la tierra. O tal vez, se me apaguen los sueños y el tiempo se transforme en un manto demasiado pesado como para intentar levantarme otra vez. 

Hoy se me agotaron las ganas. Y aquí me quedo, que os vaya bien.



©Patricia Duboy